Infancia y naturaleza

¿Por qué los niños necesitan ensuciarse las manos para aprender? La ciencia lo confirma


La importancia del aprendizaje vivencial y del contacto con la naturaleza en el desarrollo infantil.


Vivimos en una época en la que gran parte del aprendizaje sucede sentado frente a una pantalla o un libro. Sin embargo, cada vez más investigaciones coinciden en una idea sencilla: los niños aprenden mucho mejor cuando pueden tocar, experimentar y vivir aquello que están descubriendo.

No basta con explicar cómo crece una planta.

Hay que sembrarla.

No basta con enseñar qué es una hortaliza.

Hay que observarla, abrirla, tocar sus semillas y descubrir su olor.

Porque el cerebro infantil aprende conectando todos los sentidos.

Aprender con las manos es aprender mejor

Cuando un niñ@ manipula un objeto, activa simultáneamente diferentes áreas de su cerebro.

Mientras observa, compara, pregunta, toca, huele y experimenta, está creando conexiones neuronales mucho más fuertes que cuando únicamente escucha una explicación.

Por eso los aprendizajes vivenciales permanecen durante años.

Todos recordamos excursiones del colegio que ocurrieron hace décadas.

Muy pocos recuerdan una ficha que rellenaron un martes cualquiera.

La diferencia está en la emoción.


La naturaleza es el mejor aula

No existe un espacio más rico para aprender que un entorno natural.

En él aparecen preguntas constantemente:

  • ¿Por qué unas calabazas son tan grandes y otras tan pequeñas?
  • ¿Cómo puede salir una planta de una semilla?
  • ¿Por qué cambian de color las hojas?
  • ¿Qué comen las gallinas?
  • ¿Por qué unas flores atraen insectos y otras no?

Cada pregunta abre una puerta al conocimiento.

Y lo hace de manera espontánea.

Sin necesidad de forzar el aprendizaje.


Mucho más que conocimientos

Cuando un niñ@ pasa una mañana en la naturaleza no solo aprende ciencias.

También desarrolla habilidades que le acompañarán toda la vida.

Aprende a:

  • observar con atención;
  • trabajar en equipo;
  • respetar los tiempos de la naturaleza;
  • cuidar de otros seres vivos;
  • ser paciente;
  • resolver pequeños problemas;
  • crear con sus propias manos.

Son aprendizajes difíciles de conseguir únicamente entre cuatro paredes.


El valor de ensuciarse

Durante muchos años se pensó que un aula limpia era sinónimo de buen aprendizaje.

Hoy sabemos que un niñ@ que vuelve con tierra en las manos, hojas en los bolsillos y una sonrisa enorme probablemente ha vivido una experiencia mucho más enriquecedora.

La tierra no solo ensucia.

También conecta.

Conecta con nuestros orígenes, con los ciclos de la vida y con la satisfacción de descubrir el mundo por uno mismo.


Aprender con los cinco sentidos

Cuando los sentidos participan, el aprendizaje cambia por completo.

Ver el color de las hojas.

Escuchar el viento.

Oler la tierra húmeda.

Tocar la corteza de un árbol.

Probar un alimento de temporada.

Todo ello construye recuerdos mucho más duraderos que una explicación teórica.

Por eso las experiencias en la naturaleza dejan tanta huella.


Actividades Experience para familias: aprender viviendo

En el ciclo anual de actividades Experience para familias, cada actividad está diseñada para que los niñ@s aprendan haciendo.

No vienen únicamente a escuchar.

Vienen a recorrer el espacio a descubrir el ciclo del año en la naturaleza, sembrar una semilla, crear algo con las manos: artesanía, decoración, manualidades,— visitar a los animales de la finca y disfrutar de una mañana completa en contacto con la naturaleza.

Porque creemos que el mejor aprendizaje nace cuando intervienen la cabeza, las manos y el corazón.

Y cuando un niñ@ aprende con emoción, ese aprendizaje le acompaña durante toda la vida.


Conclusión

Quizá el mayor regalo que podemos hacer a un niñ@ no sea explicarle cómo funciona la naturaleza.

Sino permitirle vivirla.

Porque una semilla plantada con sus propias manos enseña mucho más que cien fotografías.

Y una mañana descubriendo el mundo al aire libre puede despertar una curiosidad que dure toda la vida. 🌱🍂